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Entrevista completa a Carmen Jiménez Huertas: “Las lenguas romances no vienen del latín”

Reconozco que, como filóloga que se pasó unos años en la universidad sin entender porque era tan complicado estudiar latín, me sentí en shock al escuchar por primera vez a Carmen Jiménez Huertas exponiendo su investigación sobre el origen de las lenguas romances, un origen que no apunta hacia el latín.

Cuestionarse lo aprendido es un viaje personal que implica revisar, con la mente abierta, el sistema de creencias con el cual hemos sido todos educados. La lingüística y la Neolengua forman parte de la agenda para el control social. Se nos manipula con el lenguaje de la posverdad para impedir nuestra capacidad de discernir. Y es que, como dice Jiménez Huertas, “quien controla el lenguaje, controla las masas”.

Carmen Jiménez Huertas (Sant Just Desvern, 1958) es filóloga especializada en lingüística. Experta en formación de habilidades sociales, comunicativas y lenguaje, es escritora, investigadora y conferenciante. Es autora, entre otros libros publicados, del ensayo No venimos del latín y Estamos hechos de lenguaje. Una de sus pasiones es la lengua y la cultura ibérica.

Quién dedica tiempo para escuchar y leer a Carmen Jiménez Huertas sabe que su investigación lingüística tiene mucho sentido. Para algunos reconocer que no venimos del latín es un ejercicio mental imposible, para otros, resulta tan liberador como comprensible. ¿Con el latín también nos mintieron? ¿De dónde vienen las lenguas romances? Las lenguas romances no vienen, ya estaban. Son, según Jiménez Huertas, las lenguas propias que se hablaban aquí. Esta nueva visión implica revisar toda la gramática histórica evolutiva y hacer un nuevo planteamiento que incluya la lengua de sustrato, la lengua ibérica.

¿De dónde vienen las lenguas romances?

Carmen Jiménez Huertas: “Las lenguas romances y el latín mantienen una relación de parentesco, no de filiación. Nuestra lengua madre no es el latín”.

Si nos han mentido con la teoría de la evolución de las especies ¿ha llegado el momento de reconocer que también nos han mentido con la teoría de la evolución de las lenguas?

Me temo que la teoría actual ha quedado completamente obsoleta. Las lenguas no se comportan como nos han contado, no se deforman y pierden los elementos morfosintácticos en unas pocas generaciones. Lo vemos claramente con lo sucedido después de 500 años de la llegada a América: el español hablado en los países hispanos sigue siendo español; el portugués hablado en Brasil sigue siendo portugués; el inglés hablado en EEUU sigue siendo inglés. Nadie ha dejado de conjugar los verbos ni les ha dado por situar el verbo al final de la frase. Las lenguas no cambian tan rápido. Hay algunas variaciones en el léxico (palabras) y en la prosodia (pronunciación, acento), pero seguimos entendiéndonos muy bien después de 500 años.

El imperio romano, en diferentes etapas, incluyó a más de 67 países con un total de 270 comunidades étnicas hablando otros tantos idiomas y dialectos. Palestina estuvo bajo su dominio 800 años. Los griegos y los egipcios 400 años. Hubo una importante presencia romana a nivel de organización estatal e institucional. Pero eso no significa que las poblaciones hubieran sido latinizadas. ¿Cómo pretenden que creamos que un puñado de romanos logró que los habitantes de todo un imperio dejaran de hablar la lengua de sus ancestros? ¡Nadie adopta la lengua de sus enemigos! Agricultores, mineros, pescadores, esclavos, nos dicen que todos empezaron a chapurrear en latín. ¡Pero si sólo los patricios hablaban latín! Los ejércitos estaban formados por mercenarios, en la Península, la mayor parte eran hispanos, por lo que no pudieron ser agentes de latinización. No había escuelas, no había televisión. Además, y este dato es importante, se nos dice que los romances se formaron cuando el imperio romano ya había caído, por lo tanto, ya no existían elementos de presión para imponer una lengua extranjera. ¡Eso no tiene ningún sentido!

Si Darwin inventó la teoría de evolución de las especies. ¿Quién inventó la teoría de la evolución de las lenguas romances a partir del latín?

El latín se estableció como lengua del poder en Roma, bastante después de la caída del Imperio Romano y cuando ya nadie lo hablaba. Fue la lengua escrita de la Iglesia y de la cultura durante toda la Edad Media y la Edad Moderna. Hay que tener en cuenta que la mayoría de la población era analfabeta, así que al escribir en una lengua muerta se restringía el acceso al conocimiento, significa que sólo los grupos elitistas podrían acceder a la formación y a la información.

Igual que sucedió con la biología, la medicina, la física, también en la lingüística se nos describe un modelo mecanicista externo al ser humano, en el cual la vida es una lucha hostil en la que sobrevive el más fuerte, con peligros y ataques constantes de enemigos exteriores que no paran de interferir en el equilibrio interno. La lingüística se conceptuó exactamente con este mismo modelo, aceptando hipótesis en las que todo parece suceder por caprichoso azar.

Se sigue viendo el cambio lingüístico como degradación, como si las palabras viajaran solas de un país a otro y mutaran (igual que los virus), sin tener en cuenta el ser pensante que somos. Se acepta sin discusión que la palabra se originó allí donde se ha encontrado su evidencia por escrito, sin razonar que las lenguas son, ante todo, orales. Y todos los libros repiten que todo lo que se parece al latín, viene del latín. Claro que cualquiera podría preguntarse algo tan elemental como por qué no entendemos el latín, si es nuestra lengua madre. La realidad es que una vez se ha establecido un “conocimiento” y este entra a formar parte de la enseñanza oficial, ya nadie lo cuestiona. Y, llegados a este punto, pocos son los que piensan, porque es más fácil seguir la mentira oficial que hacerse preguntas que obligan a enfrentar la verdad.

¿Cuáles serían las características más relevantes (fonéticas, léxicas, morfosintácticas y semánticas) que alejan las lenguas romances del latín, según tu investigación?

Vamos a resumir las características fonéticas y morfosintácticas más relevantes.

Fonética: la característica fonética más importante del latín es la duración. Distinguían entre vocales cortas y largas, y entre consonantes simples y dobles. Por el contrario, todos los romances basan su sonicidad en la oposición de fonemas sordos y sonoros. Hay por lo tanto un factor de articulación completamente distinto y que separa los romances del latín. También es importante resaltar que en latín había un inventario consonántico reducido a sólo 14 consonantes (frente a las 19 del castellano), que se distribuían en sólo tres órdenes: labial, dental y velar. El latín se aleja de la palatalización generalizada, fenómeno presente en todos los romances y que se da en contacto con la iod. La estructura silábica y la distribución del acento también eran distintas: el latín tenía un ritmo binario (palabras llanas) mientras que los romances tienen acentos cuya intensidad puede cambiar de sílaba. En fin, sonaban con una prosodia muy diferente.

Morfosintaxis: el latín tenía una composición morfológica sintética, es decir, una raíz fija a la que se añadían sufijos gramaticales. El verbo se dividía en tres modos (conjugación) y se situaba al final de la oración. Las formas nominales se descomponían en casos (declinación) que indicaban la función sintáctica, por lo que no había ni artículos ni preposiciones (en latín, las escasas preposiciones se usaban para indicar posición y dirección). Por el contrario, las lenguas romances muestran una clara preferencia por las formas verbales perifrásticas (tiempos compuestos) y las formas nominales no utilizan los casos ya que suele haber un orden fijo de los elementos de la oración. Todos los romances utilizan artículos y preposiciones. Sin duda hay otros aspectos importantísimos como la falta de equivalencia de las conjunciones y las correlaciones verbales entre oración principal y subordinadas, pero son temas que requieren utilizar términos gramaticales que, seguramente, muchos lectores tengan un poco olvidados. Les remito al libro, donde están ampliamente explicados.

¿Es posible que una lengua madre no legue a sus hijas ni la morfosintaxis, ni la sintaxis, ni las leyes fonéticas, ni la estructura y el orden de los constituyentes de la oración? La distancia estructural y sonora entre el latín y los romances es tan grande que es evidente que no existe una relación de filiación. El latín no puede ser la madre de los romances. Entonces, ¿con qué argumentos se sostiene la teoría de la romanización? Se buscan las similitudes léxicas. Se dan porcentajes de las palabras parecidas y se reconstruyen las etimologías por dimanación. Hay que tener en cuenta que muchas palabras se parecen por parentesco (igual que yo me parezco física e incluso conductualmente a algunas de mis primas; tenemos un “aire de familia”), por lo que no habría que buscar quién dimana de quien. Por otro lado, un enorme legado de palabras son neologismos. Aunque todas las lenguas tienen mecanismos propios para acuñar nuevos términos, durante siglos se utilizaron el latín y el griego para crear el vocabulario nuevo. Y en tercer lugar, cuando aparece una nueva tecnología suele incorporarse junto al vocabulario de su país de origen, así tenemos que muchos términos utilizados en alta costura y en la cocina provienen del francés, mientras que los términos comerciales y tecnológicos han llegado y se utilizan en inglés: aunque todos sabemos decir reunión, hay quien prefiere ir de meeting.

Si el latín no es la lengua madre de las lenguas romances cómo nos han contado en la escuela. ¿Quién es nuestra madre? ¿De dónde surgen, entonces, las lenguas romances?

Miceal Ledwith, asesor del Papa Juan Pablo II, dijo que es más fácil que el latín venga del rumano que no al revés, o sea, el rumano del latín. Si un miembro del Vaticano hizo tal afirmación es que algo debía saber que a nosotros se nos ha ocultado.

Del mismo modo que se sigue justificando la evolución de las especies a partir del mono, a pesar de no haber encontrado todavía el eslabón perdido, se hacen dimanar unas lenguas de otras basándose en masivas migraciones que la genética y la arqueología han desmentido. ¿Sabías que las fronteras arqueológicas y genéticas coinciden básicamente con las fronteras lingüísticas?

El cambio lingüístico es un proceso mucho más lento de lo que se pensaba tradicionalmente. Cada vez son más los investigadores que defienden la idea de estabilidad lingüística con diferentes ritmos evolutivos y momentos puntuales de cambio acelerado. Nuevas generaciones de arqueólogos y lingüistas están trabajando para establecer un nuevo marco teórico basado en la idea de continuidad, antigüedad y estabilidad de las lenguas. The Paleolithic Continuity Paradigm aúna este movimiento para toda la familia del indoeuropeo.

Cuentas en tu libro “No venimos del latín” que el rumano es una pieza clave en este proceso. ¿Por qué es tan importante tener en cuenta el rumano?

El rumano es una lengua romance hablada en un territorio en el cual nunca hubo una sociedad romana asentada y en el que jamás se impuso el latín como lengua de cultura. No obstante, la lengua hablada en todo el territorio actual de Rumanía es muy estable.

El rumano, el galaico-portugués, el catalán y el bable asturiano utilizan estructuras morfosintácticas similares que no existían en latín. Coinciden inexplicablemente a pesar de no haber estado en contacto durante dos mil años. ¿Cómo es posible? ¡Eso demuestra un sustrato común muy anterior!

¿Cómo se explica que el latín se parezca más a las lenguas germánicas como el inglés y el alemán que a las lenguas romances?

Esa fue una de las primeras cuestiones que me hicieron dudar de la gramática histórica que me enseñaron en la universidad. Era imposible entender las oraciones de infinitivo desde una lengua romance, había que recurrir al inglés. Era imposible explicar la pérdida de los casos gramaticales como un proceso degenerativo porque en alemán se mantienen en perfecto uso. Simplemente: ¡las piezas del puzle estaban mal colocadas!

El rumano fue la pieza que me permitió recolocarlo todo. La base lingüística del rumano proviene del dacio. Nuevas fuentes históricas dan la explicación de que el dacio y el latín estaban relacionados y que ambos derivarían del tracio. Si sabemos que los grupos de getas que vivían junto al Danubio también eran tracios, eso significa que esos pueblos tendrían un mismo origen. Fuentes griegas mencionan que los dacios eran getas sedentarios mientras que los tracios eran nómadas; así pues uno de esos grupos nómadas se desplazaría hasta el Lacio y daría origen a los latinos. Recientes estudios de ADN demuestran que una parte de la población de la península itálica era de origen tracio. De nuevo la genética nos obliga a replantear la lingüística.

El latín fue la lengua de cultura del imperio romano y su relación con las lenguas romances es más una relación de parentesco que de filiación. Las lenguas romances se parecen entre ellas, pero no se parecen al latín. ¿Cómo se explican estas similitudes?

Agradezco esta pregunta porque me permite explicar que es necesario substituir la metáfora del árbol que nos muestra las lenguas como ramas de un mismo árbol que comparten un tronco común. En este modelo, las lenguas tendrían un mismo origen, situando las antiguas en posiciones inferiores y las lenguas modernas como frutos en los extremos superiores de las ramas. Esta concepción parte de la premisa de un único origen para todas las lenguas y se copió del modelo evolucionista de Darwin, aplicándolo a la lingüística. Se da no obstante, una paradoja: se nos dice que las lenguas, al alejarse de la raíz, han ido degenerando, que lenguas antiguas como el griego, el latín, el árabe clásico, el hebreo, el sánscrito eran lenguas casi perfectas. Pero si eran más antiguas, deberían ser más primitivas, ¿no te parece? Porque si son fruto de meras convenciones y cambios por azar, no tiene sentido que a más antigua la lengua, más coherente y perfecta. A menos que alguien la creara ex novo. Pero claro, para crear una lengua en su complejidad, hace falta disponer de un grupo de personas y de un lenguaje previo para comunicarse. Y si ya disponían de un lenguaje, ¿por qué crear otro?

Me parece mucho más acertada la metáfora del río que la del árbol. Una lengua, igual que un río, se forma por adición, no por división. A lo largo de su curso, el agua se enriquece con nutrientes y materiales procedentes de afluentes y riachuelos que se unen a su cauce. Si el análisis de las aguas de dos ríos se parece, será porque sus ecosistemas (terrenos, sustratos, vegetación, pluviometría) son similares. Con las lenguas sucede exactamente lo mismo. Los cambios se producen sincrónicamente, es decir, hay una continuidad territorial, con zonas de tránsito que actúan como fronteras lingüísticas. Es el entorno el que afecta la lengua, y no al revés.

Entonces tu pregunta debe responderse del siguiente modo: si las lenguas romances se parecen es porque surgen en ecosistemas similares, su fuente son culturas afines. Y si no se parecen a la supuesta madre, a lo mejor será porque nos hemos equivocado de madre. ¿A qué lenguas se parece el latín? Como hemos dicho, se parece más al alemán y a las lenguas habladas en el Danubio.

¿Cuáles eran las lenguas de substrato que se hablaban en la península ibérica antes de la romanización?

Recuerda: no hubo romanización. Sólo cambió la lengua escrita institucional: antes, se escribía en ibérico y después, en latín. Por lo que respecta a las lenguas orales, la gente siguió hablando sus lenguas de siempre: ibero, lusitano, celta, lenguas euskaras, lenguas osco-umbras, lenguas proto-ibero-romances que confluyeron y siguieron sus procesos evolutivos para ir conformando los proto-romances, alternando largos periodos de estabilidad con otros de cambio acelerado. Así hasta hoy.

En tu libro “No venimos del latín” hay un momento en el que preguntas: ¿por qué no hablamos árabe si los árabes estuvieron en la península más de 700 años?

¡Los árabes estuvieron en la Península más tiempo que los romanos! Desde el año 711 hasta 1492, hubo una convivencia que favoreció el intercambio de ideas, hábitos, costumbres, culturas y religiones. Se produjo un transvase de términos pero jamás se dio una mezcla de lenguas, jamás hubo una alteración gramatical profunda. Los textos escritos en mozárabe utilizan la aljamía, las grafías del alifato árabe, pero la lengua representada es romance. También encontramos textos en ladino, escritos por los judíos sefardíes en alefato hebreo, lengua a la que se refieren como espanyol.

Estamos hablando de lenguas vivas conocidas por el pueblo y eso es muy distinto al latín, que era una lengua muerta que no hablaba nadie. ¡Y no obstante no se produjo ningún híbrido lingüístico! Cada grupo social siguió utilizando su propia lengua adaptándola a su propia escritura. De nuevo, es un cambio en la escritura, ¡no en las lenguas habladas!

Como profesora de lengua de secundaria y bachillerato he tenido que explicar muchas veces que el catalán viene del latín vulgar, ya que esto es lo que nos enseñaron a todos en la carrera de filología.¿Cuál es, en realidad, el papel del latín vulgar en todo este proceso?

No hay evidencias empíricas que demuestren la existencia del latín vulgar. Lo que muestran las evidencias es que se escribía en latín clásico y se hablaba en otras lenguas. Existió el latín bien escrito y mal escrito. Me he movido en archivos y he leído muchos documentos antiguos. Una y otra vez observamos que el escribano, normalmente un presbítero, era el único letrado. Aplicaba encabezados y formulismos en latín mal redactado que muestran, con transparencia, la estructura gramatical de una lengua romance y su mala formación en latín clásico. Es decir, el texto suena a latín, porque se añaden sufijos latinos, pero el orden de las palabras (sujeto, verbo en posición central, complementos a la derecha con uso de preposiciones) son romances, no latinos. Entonces, que esté mal escrito no significa que él hablara así, para nada. Eso significa que su conocimiento del latín era mediocre. No obstante, al leerlo en voz alta para todos los demás, sonaba a latín. Un ejemplo. En un documento del siglo XVI, un presbítero llamado Joan Vidal termina un memorial con la frase DEO GRATIA A V. MAR COM SUPLICAM y lo firma como Joannes. Si ese señor hubiera sabido latín, hubiera firmado Ioanus o Ioannes, jamás Joannes, porque esa J es una catalanada por mucho que se disimule con un sufijo latino. Mira, te pongo otro ejemplo, esta vez actual. Mi nieta canta en inglés inventándose las palabras. No obstante, para ella suena a inglés precisamente porque no sabe inglés. Sería como decir que hoy existe el inglés vulgar, cuando lo que hay es inglés bien y mal hablado. ¿Comprendes?

¿Qué crees que esconden detrás de este engaño sobre el verdadero origen de las lenguas romances?

Primero pensé que era ignorancia: nadie se había parado a cuestionarlo y se repetían las ideas del siglo XIX sin valorar si eso encajaba en lo que sabemos ahora sobre el lenguaje. Pero después de estos dos últimos años de pesadilla, he cambiado de opinión. He sido atacada y perseguida por difundir algo que yo sé, de un modo que no puede entenderse a menos que mis hipótesis estén amenazando algo importante.

Creo que todo forma parte de la misma agenda: no quieren que sepamos la importancia que tiene el lenguaje, no quieren que se difunda un conocimiento que había permanecido oculto porque ha sido usado para manipular y controlar a la población con la maquinaria del terror, sacando lo peor de la barbarie humana. Hasta ahora, nos hacían creer que las lenguas son códigos convencionales sin nada más, para que los humanos, ignorantes del poder de la palabra, pudieran ser víctimas del engaño y la manipulación. La lingüística y la Neolengua forman parte de la agenda para el control social. Quien sabe cómo utilizar el lenguaje controla las masas.

Por eso su insistencia en reducir la gramática a una asignatura antipática de la enseñanza obligatoria, ¡nadie entiende nada! Así se desvincula el lenguaje de los procesos cognitivos y de la filosofía. Sin este entendimiento, los humanos perdemos el sentido de la transcendencia para que creamos que las palabras, igual que nosotros mismos, somos fruto del azar y que la vida no tiene otro sentido más allá de la experiencia de un cuerpo físico perecedero y un alma atrapada en la rueda del karma, dominada por las pasiones.

Comentas en tus libros que el lenguaje es la base del pensamiento.

¡Exacto! La explicación mecanicista de la vida deja fuera de la ecuación el aspecto más importante del lenguaje, algo de lo que no se habla, un conocimiento hermético, un secreto alrededor de lo que de verdad es el lenguaje: el lenguaje es la base del pensamiento, somos seres pensantes. Por eso los cambios lingüísticos internos de una lengua son tan lentos. Podemos añadir o modificar palabras, pero no podemos utilizar mal la sintaxis, porque entonces se rompe la coherencia. La lengua es la base de los procesos cognitivos. Necesitamos la lengua para pensar, para recordar, para relacionar, para estructurar nuestro propio pensamiento y entendimiento. La lengua nos hace humanos.

Tu libro “Estamos hechos de lenguaje” nos da para una segunda entrevista. Es obvio que nos manipulan a través del lenguaje y que es muy importante darse cuenta de ello. ¿Cómo desprogramarnos? ¿Qué consejos nos das para detectar esa manipulación sutil que hay en el lenguaje que utilizan las élites que controlan el poder y los medios de comunicación de masas?

Esa es la parte que se nos oculta. ¿Por qué? No quieren que sepamos que el lenguaje es el camino más corto para llegar a la comprensión de la mente humana. El lenguaje es el software de nuestro procesador personal. El lenguaje, según todas las mitologías, está relacionado con la creación. Es fuente de vida. Las palabras pueden crear y destruir: la oración, el canto, la bendición, la buena oratoria y la poesía, son creadores de realidad. Pero también lo son la maldición, el conjuro, la sentencia, los insultos, las amenazas, la extorsión y todo el discurso constante de desinformación que repiten los medios de comunicación para sembrar en nosotros el miedo y la rendición.

¿Cómo desprogramarnos? Primero hay que escuchar, no sólo oír mecánicamente, sino escuchar de modo activo para darnos cuenta de cómo usamos las palabras, cómo hablamos, a los demás y a nosotros mismos, es decir, cómo pensamos. ¿De quién es esa voz que resuena en mi mente? Escuchar, observar atentamente esa voz nos permitirá descubrir si soy yo quién está razonando o si es un pensamiento inducido (hipnosis o anclajes inconscientes) que mi mente repite sin pensar, como cuando se nos pega una canción. Cuando pillas a esa voz que no es tuya, échala de tu casa, niégale el poder, dale las gracias por hacer su trabajo pero, con decisión, ciérrale el acceso a tu interior. Para aprender a escuchar, va muy bien saber un poco de PNL.

Otro consejo es apagar el televisor y ser muy selectivos en los programas y vídeos que vemos. Si no tenemos el espíritu crítico bien afinado, pueden colarnos su agenda para inducirnos a creer que su nuevo orden mundial es algo inevitable. ¡Cuidado con eso! Hay que reinterpretar la información a través de lo que sabemos, ¡nada de creérselo todo y repetirlo sin contrastar! No sucumbid al miedo. Somos guerreros y somos muchos más que ellos. Vamos a darle la vuelta a la tortilla.

Finalmente, una reflexión. Para mí, el lenguaje es un camino que nos lleva a la interiorización, al conocimiento personal y a la espiritualidad. Al observar el lenguaje descubrimos su magia y el orden armónico que empieza por la coherencia con uno mismo y resuena, por resonancia, a todos los niveles de la existencia. Cuando alcanzamos esa consciencia, aprendemos a integrar la inteligencia de la mente con la del corazón. Más allá de las creencias, despertamos una visión intuitiva, simbólica, metafórica, mítica, todo un entendimiento del cosmos que el modelo mecanicista y tecnócrata ha despreciado y que necesitamos situar de nuevo en primer plano, como parte de un cambio colectivo que sólo es posible a nivel individual y cuando desde la madurez despertamos nuestra atención a este «darse cuenta», a la comprensión profunda y sincera de un nuevo modo de ver la vida.

¿Cómo te gustaría que fuera la escuela del futuro, la que vamos a crear entre todos?

A mí de pequeña me encantaba ir a la escuela. Ahí estaban mis amigas. Pero ante todo, me gustaba aprender. Tuve la suerte de tener algunos buenos maestros y profesores que supieron motivar e incentivar mi natural curiosidad. Por desgracia, ese rol del buen maestro está en desuso; no se valora al maestro creativo, sino al obediente. Ahora se fomenta al funcionario que acata y repite los currículos escolares. Tampoco los padres hacen la parte que les corresponde y abandonan su labor educativa. El resultado es una sociedad enferma y desmotivada. Niños, adolescentes y jóvenes sin ilusión que llegan a la adultez deprimidos.

Me gustaría que, para todos los niños, ir a la escuela fuera divertido y estimulante, que se favoreciera la enseñanza en valores, la ética, la escucha y el respeto, la solidaridad y la compasión. Una escuela en la que hubiera mucho juego y muchas ganas de descubrir y nutrir las almas de los niños. Me gustaría una enseñanza dinámica en la que se eliminara la competitividad y la separación. Todo eso es más importante que la inyección descontextualizada de contenidos aburridísimos que hay que memorizar para el examen sin entenderlos. Hay que educar a los hijos con espíritu crítico desde casa, ¡y esa es una responsabilidad de los padres que no puede delegarse!

Para mí, la escuela debería reducir el peso de la tecnología, sacar el wifi de las aulas y recuperar las humanidades que, año tras año y reforma tras reforma, se han ido diezmando. ¿Cómo se pretende educar a un adulto crítico sin filosofía? ¿Cómo se pretende enseñar a conversar y a dialogar con exámenes tipo test en los que la respuesta más larga es una única oración y muchas veces ni siquiera eso, pues hay que poner una x en una casilla? Bueno, quizá es que los responsables del currículo académico no quieren adultos críticos que sepan razonar. Sean o no conscientes de su corresponsabilidad, se han convertido en cómplices de una agenda deshumanizante. Definitivamente, hemos de revelarnos y cambiar eso. Pero no basta con protestar. Hemos de comprometernos y crear, entre todos, esa escuela del futuro que queremos hacer presente.

María Llompart

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